Amelia Rayén Salazar Jorquera vivía en el cerro Las Cañas, en Valparaíso. Tenía apenas un año y nueve meses cuando, afectada por una neumonía, falleció en la urgencia infantil del Hospital Van Buren, en espera de una cama critica. Su partida dejó un dolor inconmensurable en su familia y en toda una comunidad. Pero ese dolor también encendió una fuerza colectiva: desde la memoria de Amelia nació la Mesa Comunitaria por la Salud Digna (MCSD), una causa que comenzó como peregrinación, organización y esperanza, para visibilizar los problemas estructurales de la salud pública.
Porque Amelia no fue un caso aislado. Fue el rostro de muchas historias que no debieron ocurrir.
Por ello, en 2024, la Ley 21.696 declaró el 4 de julio de cada año como el Día por la Defensa de la Salud Digna. Esta fecha nos convoca a promover una atención humanizada, empática y oportuna en todo el sistema público de salud. Pero también nos recuerda, con intensidad y con tristeza, que el problema sigue siendo sistémico y que aún no encuentra una respuesta a la altura de lo que las personas necesitan.
Hoy no podemos hablar de salud digna sin mirar con preocupación los recortes y el proyecto de megarreforma. No podemos proyectar soluciones reales para el acceso oportuno a la atención de urgencia, tratamientos, medicamentos, exámenes, rehabilitación y cuidados si se debilita la red que debe sostenerlos. Por eso nos preguntamos, con responsabilidad y con profundo sentido humano: ¿será posible enfrentar las extensas listas de espera y las desigualdades que afectan a millones de personas si las medidas avanzan en sentido contrario?
Desde la CONFEDEPRUS creemos que fortalecer la salud pública es urgente. Chile necesita una red robusta, con financiamiento suficiente, infraestructura adecuada, tecnologías disponibles y trabajadores y trabajadoras reconocidos, protegidos y respaldados para cumplir su labor. Detrás de cada atención hay personas que esperan, familias que sufren y equipos de salud que hacen enormes esfuerzos por responder, muchas veces con recursos insuficientes; tal como quedó demostrado en pandemia.
Sabemos que avanzar hacia una reforma que ponga verdaderamente en el centro las necesidades de la población ha sido difícil. Durante años se ha insistido en soluciones transitorias basadas en la externalización de prestaciones y en la compra de servicios al sector privado. La ciudadanía quiere que las personas sean atendidas, por supuesto; pero también tiene derecho a saber cuánto cuesta esa atención y cuánto podría fortalecerse el sistema público si esos recursos se invirtieran directamente en hospitales, consultorios y centros de salud.
Sin embargo, el actual gobierno impulsa medidas que van en dirección opuesta. Medidas que, bajo una lógica economicista, terminan reduciendo a las y los pacientes a cifras, listas o costos. Cuando se instala la idea de que, si no hay recursos, simplemente hay que acomodarse, quienes vuelven a perder son los de siempre: las personas y los sectores más empobrecidos de nuestro país.
Avanzamos hacia el 4 de julio con un llamado claro y profundamente humano: Marchar por la Salud Digna. Invitamos a las familias y a toda la ciudadanía a sumarse a esta movilización. Necesitamos visibilizar la crisis que viven la atención primaria y la red hospitalaria. No podemos permitir que se instalen políticas públicas basadas en recortes, cuando la solución exige justamente lo contrario: más salud pública, más inversión, más humanidad y más compromiso con la vida.
Hacemos un llamado a las organizaciones sociales, sindicales, a las comunidades, a los trabajadores y trabajadoras de la salud y a toda la ciudadanía a informarse, participar y movilizarse. Defender la salud digna es defender el derecho de cada persona a ser atendida con respeto, en tiempo y forma. Es defender a quienes esperan. Es defender a quienes cuidan. Es defender la vida.
Porque la salud no es un negocio: es un derecho. Porque no aceptaremos retrocesos en derechos sociales fundamentales. Porque frente al abandono debemos organizarnos; frente a los recortes, debemos resistir; y frente a la indiferencia, debemos levantar, con más fuerza que nunca, la bandera de la Salud Digna para Chile. Con Amelia en la memoria, alzamos la voz: Quién defiende la salud, CONFEDEPRUS…
*Editorial publicada en PiensaPrensa (Junio 2026)
