Si Neo fuera mujer: la matrix, la opresión y el género.

Daniela Acevedo Corona

“Todas las mujeres, sea cual sea su posición, deberían exigir la igualdad política como medio
para alcanzar una vida más libre” (Clara Zetkin).

El género pareciera ser un espacio en disputa. Una especie de dimensión desconocida
para algunas elites de saberes ideologizados por beneficios de clase, o por las estructuras
sociales que invisibles cruzan las relaciones humanas como tejidos conectivos. El género es más
que la tela con la que rajan vestiduras aquellos que sienten la superioridad moral de juzgar a los
otros y otras por sus actos, pensamientos y potencias de devenires no advenidos. Entones surge
la pregunta, ¿si Neo hubiese sido mujer, se toma la pastilla azul o la roja? No me cabe duda,
toma la azul. Pero no por ignorancia o por temor, sino, porque probablemente estaría pensado
que sucedería con los hijos o hijas, quién cuidaría a la madre/padre enfermo, el control del
veterinario, las reuniones de apoderados, la lista del supermercado, el sueldo de fin de mes, el
pago de cuentas, el control en el Cesfam… es que ser mujer no da espacios para salir de la
Matrix… o quizás, signifique transformarse en una Trinity que desencantada sigue la rutina del
deber ser, de la imposición moral de ser el sostén de la sociedad del cansancio, si se leyera en
término de Byung-Chul Han; como si la meta fuera producir, reproducir, controlar y sobre
producir, en un panóptico estructural invisible que impone la base social de la Familia como
reflejo de las miradas de clase, que se transforman en discursos añejos pero vigentes. Y así, las
mujeres están doblemente oprimidas. Alexandra Kollantai, feminista rusa, señala al respecto “El
capitalismo ha cargado sobre los hombros de mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha
convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y de madre”.

Entonces, Nea (la versión femenina de Neo), decide tomar la píldora roja. Abre sus ojos
y delante de ella, transcurre su cotidiano. Se levanta a las 6:00, prepara infancias para ir al
colegio, entrega desayunos, les sube al furgón escolar mientras se despide de un marido que en
ese rato, se bañó y tomo un café tranquilamente. Nea va a su trabajo, con una jefatura que exige
que rinda sin pensar en nada. La llaman del colegio. Una infancia accidentada, necesita permiso,
pero no puede solicitarlo, porque los cuidados no es un tema “los problemas personales quedan
de la puerta para afuera”. Así, en la desesperación consigue una licencia médica por una
enfermedad que no tiene, mientras cuida a su hijo, cocina, limpia la casa, hace tareas con su
otra hija, atiende a un marido que inconsciente (o dormido en su condición de privilegio
ancestral) no entiende que es un adulto responsable que no necesita a una segunda madre o a
un esclava; manda correos electrónicos al trabajo, porque su jefatura no comprende lo que es
ser madre-trabajadora-dueña de casa- esposa- profesora- prevencionista de riesgos- enfermera-psicóloga-nutricionista y vidente. Doble opresión, triple opresión, multiplicidad de opresiones.

Rendir es lo importante, no hay espacio para nada más. Ser productiva es el ideal. Perfección en
todos los ámbitos de la vida. Depresión por no poder cumplir.

Con esta vida que transcurre sin respiros, la salud es un pilar en la vida de las personas.
La OMS, señala que el concepto de salud es un estado de completo bienestar físico, mental y
social, y por lo tanto, no es sólo la ausencia de afecciones o enfermedades, siendo por ello, una
definición holística. Cuando se comprende que la salud, no es un opuesto a la enfermedad, si no
que un estado general y completo de las personas, nos permite ubicar las diferentes
dimensiones que intersectan la vida y las subjetividades, no se trata sólo de hablar de salud en
el continuo de la patología, implica un repensar los determinantes biológicos y sociales de la
salud, donde no se puede pensar a las personas como entidades productivas que no se afectan
por condiciones estructurales (socio-económicas-culturales y ambientales), por condiciones de
vida, educación y de trabajo, por sus redes sociales y comunitarias, sus familias, sus estilos de
vida y sus condiciones biológicas individuales.

Por ello, surge y urge en la mirada holística que prima sobre la salud, comenzar a
visibilizar lo invisibilizado, pues permite, medir el crecimiento económico total y los niveles de
vida, facilita el sustentar con evidencia empírica el debate sobre políticas públicas que permitan
poner en escena las condiciones de múltiple opresión que viven las personas, en especial las
mujeres y permite monitorear cambios en las relaciones de género y cómo eso influye en los
comportamientos en el ámbito del trabajo, llevando el debate de lo privado y lo público a un
continuo indisoluble, que visibiliza la economía de los hogares y permitiendo integrar las
valoraciones sobre las actividades de trabajo no remunerado (como aporte al bienestar social),
comprendiendo con ello la división sexual del mismo, entregando herramientas que permitan
poner en escena la distribución del tiempo y el trabajo, reduciendo brechas de género, que a su
vez, retornan el debate sobre lo verdaderamente importante, la relación entre el uso del tiempo
(productivo-laboral) y el tiempo libre (ocio), donde finalmente se gestaría el bienestar, y con ello
la quimera de la verdadera libertad.

Paulo Freire, en la Pedagogía del Oprimido, señala que “¿Quién mejor que los oprimidos
se encontrará preparado para entender el significado terrible de una sociedad opresora?¿Quién
sentirá mejor que ellos los efectos de la opresión? ¿Quién más que ellos para ir comprendiendo
la necesidad de la liberación? Liberación a la que no llegarán por casualidad, sino por la praxis
de su búsqueda; por el conocimiento y el reconocimiento de la necesidad de luchar por ella. Lucha
que, por la finalidad que le darán los oprimidos, será un acto de amor…” (p. 40). Así, consciente
de lo que ocurre, esta versión de la película Matrix, no decide recurrir a un futuro distópico, sino
que empoderada, se transforma en todo lo que necesitó, consciente y despierta, no se reduce a
dos pastillas que la lógica binaria de Morfeo le ofrece, ahora, este Neo devenido mujer, se mueve
en las multiplicidades, en las infinitas condiciones de posibilidad, se mueve en la diversidad de
quien oprimida, conoce su camino. Porque, “lo personal es político” (Kate Millet).

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